En las playas de Rio de Janeiro (Brasil) protestan con maniquíes

La organización no gubernamental Rio de paz, que promueve actos contra la violencia, organizó en la playa brasileña de Copacabana en Rio de Janeiro, una protesta con maniquíes para denunciar la desaparición de personas.
Maniquies en la Playa de Copacabana
Esta ONG asegura que, según las denuncias oficiales, 34,681 personas han desaparecido en el estado de Río de Janeiro en los últimos seis años. Río de Janeiro. Diez maniquíes cubiertos con velos blancos fueron colocados hoy sobre tapetes rojos en Copacabana, la playa más conocida de Río de Janeiro, en una original protesta para denunciar que casi 35 mil personas han desaparecido desde 2007 en esta ciudad brasileña y el estado homónimo.

Río de Paz recordó especialmente el caso de Amarildo Souza, un obrero de la construcción de la Rocinha, la mayor favela de Brasil, que está desaparecido desde el 14 de julio pasado, cuando fue conducido a una comisaría de policía tras supuestamente haber sido confundido con un narcotraficante.

La policía alega que el obrero fue liberado ese mismo día y sus familiares aseguran que nunca salió de la comisaría.
Esta desaparición viene siendo insistentemente denunciada en las redes sociales, en donde la frase “¿Dónde está Amarildo?” ha ganado miles de seguidores tanto en Facebook como en Twitter.
El caso del obrero igualmente es repetidamente mencionado por los manifestantes que desde el mes pasado salen a las calles varias veces por semana para exigir la renuncia del gobernador de Río de Janeiro, Sergio Cabral.

Los maniquíes fueron expuestos en las arenas de Copacabana frente al hotel Copacabana Palace, uno de los más lujosos de Brasil, y a pocas calles del lugar donde se erigió el altar en el que el papa Francisco celebró una misa para más de tres millones de personas el pasado domingo en Río de Janeiro.

Según Antonio Carlos Costa, director ejecutivo de Río de Paz, los velos blancos simbolizan la incertidumbre de los familiares de los desaparecidos y el rojo la sangre de los que probablemente fueron víctimas de la violencia.
“El caso de Amarildo es emblemático. Estuvimos en la Rocinha y percibimos que las personas tienen miedo de hablar sobre lo ocurrido”, aseguró.

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